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Hacer el Camino de Santiago es una experiencia única e inolvidable. Para muchos incluso se trata de un recorrido lleno de magia que te conecta con tu espiritualidad, con la naturaleza y con nuestro entorno. Si decides hacer esta peregrinación conocerás muchas leyendas e historias impresionantes como la del Misterio de Obanos, ¿la conoces?

Esta es una de las leyendas más famosas del Camino de Santiago. Tanto así que en 1965 se hizo por primera vez una representación teatral que sobrevive hoy día. Desde el año 2000 se lleva a cabo cada dos años en la Plaza de los Fueros de Obanos en Navarra, España.

La leyenda del Misterio de Obanos

Esta leyenda tiene dos protagonistas, Felicia y Guillén, hijos de los duques de Aquitania (Francia). Se dice que Felicia, tras escuchar a un trovador hablar sobre la tumba del Apóstol Santiago y de la peregrinación que muchas personas hacían para conocer su tumba, decidió emprender un viaje hacia aquel lugar.

Felicia tenía una vida acomodada en la que no le faltaba nada. Y a pesar de que su familia no aprobaba su viaje, eso no la detuvo. No le importó dejar sus lujos y comodidades atrás para iniciar su aventura.

En el camino hacia Santiago Felicia no se encontró peligros, sino más bien pobreza, miseria y enfermedades. Por ello, después de llegar a Santiago de Compostela decidió quedarse en el Caserío de Amocain en el valle de Egües para ayudar a los más necesitados. Gracias a su nuevo estilo de vida, entendió cómo es vivir de otra forma y la importancia de apreciar las pequeñas cosas.

Su familia, al ver que pasaba el tiempo y Felicia no regresaba, decidió iniciar su búsqueda. Su hermano Guillén fue el encargado de hacerlo y tras encontrarla en aquel caserío intentó convencerla de regresar a casa. Pero Felicia se negó y como no logró convencerla, Guillén se enfureció tanto que perdió el control y con un puñal le hizo un corte en el cuello, hiriéndola de muerte.

Las dos historias paralelas de la leyenda del Misterio de Obanos

Tras la muerte de Felicia se desprenden dos historias asociadas a estos personajes. Días después del entierro de Felicia, los habitantes del caserío vieron incrédulos cómo brotó una hermosa flor del sepulcro y al abrir el ataúd notaron que la flor había nacido de la herida que le causó la muerte.

Por el suceso milagroso, los vecinos de Amocain decidieron colocar el cuerpo de Felicia en un arca de roble y ubicarla dentro de la iglesia. Sin embargo, el día siguiente esta apareció en medio del campo. Cuando quisieron levantar el arca para devolverla a la iglesia no pudieron porque estaba mucho más pesada de lo normal. El cura ordenó que unas mulas levantaran el arca y que dejaran el cuerpo donde Dios le indicara.

Misteriosamente, al llegar las mulas el féretro se volvió más ligero y pudieron cargarlo. Finalmente, los animales se detuvieron en Labiano, en el valle de Aranguren, justo al lado de la iglesia de San Pablo. Hasta hoy día allí se encuentra el cuerpo de la hija del duque de Aquitania.

La segunda historia es la de Guillén. Tras asesinar a su hermana, su penitencia fue peregrinar a Santiago. A su regreso, decidió quedarse de ermitaño en la ermita dedicada a Santa María en Arnotegui, cerca del pueblo de Obanos. Se dice que dedicó toda su vida a las obras de caridad y a los peregrinos. Después de su muerte fue proclamado santo por el pueblo.

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